Según Berger hay una evidente diferencia entre el cine y la pintura. La imagen del cine es móvil mientras que la imagen pintada es estática.«La imagen pintada transforma lo ausente –porque sucedió lejos o hace mucho tiempo- en presente. La imagen pintada trae aquello que describe el aquí y ahora. Colecciona el mundo y lo trae a casa.» Por ejemplo, «Turner cruza los Alpes y trae consigo una imagen de la imponencia de la naturaleza». La pintura colecciona el mundo y lo trae a casa y sólo puede hacerlo porque sus imágenes son estáticas e inmutables. En el cine, en cambio, las imágenes están en movimiento. El cine «nos transporta desde el lugar en que estamos hasta la escena de la acción.(...) La pintura nos trae a casa. El cine nos lleva a otra parte». (De Cada vez que decimos adiós, de John Berger, 1997, Ediciones de la Flor, pp. 24-34.
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